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Cuando los objetos metálicos están nuevos, se ven iguales. Pero a medida que los usamos, adquieren una personalidad propia: se rayan de una manera especial. Se gastan, se doblan, se quiebran. Es el deterioro mecánico.

También ocurre que los metales se oxidan cuando quedan a la intemperie. Así, un tarro anónimo igual a otros miles de tarros se transforma en un tarro único, cercano, útil.
Otras veces es la corrosión que disuelve la obra humana, devolviendo sus componentes al ambiente natural. La oxidación y corrosión son el deterioro químico de los metales.

A veces es la alta temperatura de un incendio la que hace que el metal se ablande, y también que se oxide, perdiendo las propiedades que se necesitan para poder utilizarlo. Sólo sirve entonces como chatarra para ser reciclada.
Los automóviles, los electrodomésticos, las viejas construcciones, los barcos, las latas de conserva, los restos de máquinas son fuente de metal que puede ser reciclado.

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